FRANCO OSORIO PAREDES


POEMAS:
Los bajopontinos    

A medida que el día junta sus pestañas
el tibio rastro del cielo uterino
se va aferrando a las espaldas
de los sórdidos bajopontinos.

Deambulan por las calles ciegos
entre los que desprecian sus harapientas
barbas, pestes y vestimentas.

Ingresa la lluvia por los agujeros
de sus longevos sacos,
testigos octogenarios de subsistencia,
ante la arcada de la sociedad
que los manotean como moscas.

Duermen en colchones desprolijos
en los que más que espuma
hay aire de ausencia.

Sólo les queda un usado cigarrillo
o una endeble fogata
que los cubra de la crueldad del mundo.





Coffee Shop

Como quien busca
la primer habitación de vida
—refugio cálido y vaginal—
me interno en el Pick up your pices,
coffee shop del éxtasis.

Desciendo las escaleras trémulo y mojado,
cae sobre la mesa el sol rastafari
y mis venas se sintonizan a las hondas notas
que un caluroso día Jah dictó a sus creyentes.

La calle seminal
escupe un ramillete de jóvenes polacos
bajan silenciosos camuflándose entre el humo
se sientan a mi lado y se esfuma su pubertad:
desmoñan la fruta de la madre tierra
pasean con salivosa habilidad
el pega-pega del papel.

Es aquí que la pólvora estalla
y se conjuga de aire la torre babilónica
como el misticismo de la hierba
que ciñe la mente a la levitación.
(¡Luces rojas, amarillas y verdes
se cruzan como esferas
de semáforos desenfrenados,
ácido secular para mis poros!)

La voz de un jamaiquino
se aferra a los ceniceros,
futura tumba de las pavas
que, a paso lento, agonizan.

Los párpados se dilatan
—volcanes en víspera de erupción—
se achinan las miradas
oscilando en el ocaso del silencio.

Ya cadáveres los humos
el asfalto llama al desenfreno;
soy parido por el lúbrico aposento
hacia las estrechas calles rojas
y su orgiástica estridencia.





La guardiana del segundo círculo

La torre apunta hacia las diecinueve,
y entre tersas neblinas púrpura
se anuncia la propensión natural
de caer en los brazos de Venus.

Las persianas se descorren
como pantimedias hacia arriba
e inicia el incesante “nock-nock”,
las sonrisas y los cuerpos
mimetizados en la transparencia
de los cristales de marco negro.

Navegan por el Ámstel
         luces, tulipanes, noches;
         que se acompasan
         y tiñen de rojo mi ascético andar

Las súcubas cruzan las piernas
apretando su sexo en hilos,
exponiendo sus labios vaginales,
a la mirada de boquiabiertos testigos
que se persignan en pos de la carne
y cada centímetro de nalga.
(Bamboleo de caderas,
cosquilleo fálico,
líquido seminal,
abertura de ingle,
uña en las bocas,
lengua en la uretra,
espaldas de cisne,
vientres cóncavos,
orificios ocupados,
contracciones de pelvis,
lápiz labial en las tetillas,
senos asfixiándose,
colas,
colas,
colas,
colas cachetonas)

Liliths camufladas en minúsculas lencerías
que se agitan ante la efímera ósmosis
entre presurosos dedos y billetes.

Una de ellas,
la guardiana del segundo círculo,
atina a mi deseo empalagado
de alcohol y narcóticos,
y extiende los cinco dedos capitales
(la tarifa, cincuenta euros presumo,
el precio del esperma en el látex)

Lluvia de domingo,
el paisaje de la soledad,
¿Qué hiciste que me dejaste
desvestirme con la delicadeza
de quien hace un origami
como los pétalos que ahora
eyaculan en el Ámstel?





Anti-todo
A Rodolfo Ybarra

Se han quemado los últimos cartuchos,
-tatuajes viscerales para el tiempo-
siguiendo los pasos del poeta.

Pisadas cargadas de estigmas,
cruces, piedras, pasamontañas,
y tinta en charcos de sangre
-no hay padre nuestro que salve-

Las mejores armas son los lapiceros
-extensión de las balas al pecho frío-
que adhieren su tinta perpetua
-futuros espejos de la memoria-
a la piel del sediento trashumante.

Llevamos al hombro
toneladas de pobreza,
llantos y sueños rotos;
arena seca sobre el cuerpo.

El papel asceta encierra
ladridos de millones de voces,
inviolables por los siglos de los siglos.

Más que tinta es bilis
escupida contra los muros
que esconden el hábito siniestro
de amansarnos la esperanza
a fatuos golpes de macana.

(Hambrientas aves de rapiña
aguardan a los muertos de la paz
para punzar sus ojos, nuevamente.)

Los diarios –baños chorreados de sangre-
atrofian las hogueras, los bloqueos
las marchas, ignorando cínicamente
los himnos rebeldes de la historia.





  BIOGRAFÍA: Franco Osorio Paredes (Lima, 1987)Licenciado en Periodismo por la Universidad de Lima y estudiante de Literatura Hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Fundador, junto con Hugo Kalashnikov, del colectivo“Ojo Perezoso”. Ha participado en los festivales “Primera Caravana Poética Lima-Cusco” (Lima y Cusco, 2014), “Cuarta Edición de Noches Cartoneras” (Guadalajara, 2014)
y “Enero en la Palabra” (Cusco, 2015). Poemas suyos han sido publicados en los blogs “Urbanotopía” y “Piensan los viejos asnos” y en las revistas “Ojos de Papel”, “Plectro”, “Sumergible” (Argentina) y “El perro” (México). 

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