EDUARDO BORJAS BENITES
POEMAS:
Provenza
Largas pesadillas regurgitan y florecen
Largos estallidos vacíos e interiores
Yo suelo –por eso– sonreír a los transeúntes
que se pierden felizmente en esta ciudad triste
Poema para editarte
Once años después te encontré en la misma calle
te pregunté qué fue de tus sueños
tus sueños que eran el dolor de aquella noche
cuando ebrio cerraste los ojos
y te echaste a correr por el centro / Tu sueño
comenzaba en los paneles comerciales
proyectados con violencia en la mirada de una niña
que vendía frunas en la Av. Alf. Ugarte
tu dolor proseguía en los muslos desnudos
de las prostitutas que morían en pie de cara
al crudo invierno
por esas calles sicodélicas meadas
se arrastraba pesado tu sueño / Tu dolor
que era también el sueño y el circuito de la sangre
en los hospitales y en el cuerpo
que era el mismo sueño de un sinfín de piedras
bloqueando las carreteras del sur
pero nada interrumpía a tu sueño
que en su camino equivocado al Sol
insistía en tirarse por la ventana cada tarde
nada lo interrumpía
ni siquiera la voz de la muchacha
gritando en la plaza Dos de Mayo que ella
era la luz que iluminaba
ese paisaje de muros calcinados
la luz que prestaba su luz a los postes
y hacía reverdecer los cables en los campos
en medio de una cruel ola de accidentes
tú perseguías a la muchacha que trazaba círculos
vacíos triángulos perfectos
en su depresión por La Colmena
seguías su rastro de girasoles adulterados
hasta el Parque Universitario
y entonces tu sueño provenía del dolor
de no entender cómo
cómo nadie puede verla / si aquella muchacha es la luz
que ilumina los pasajes estrechos
por los que yo voy a ciegas
Primera visualización de la ciudad muerta
yo viajo en la ciudad sin luz Alimento la quimera de los focos muertos en la calle Alimento el ladrido de los perros en trance Una rara fascinación me arrastra a los preceptos de la sinastría: la música La música es el caballo que trota en el corazón de Hernández La música es el viento virus que me arrastra a los rieles del tren bajo este cielo descubierto En las luces de neón de los hoteles vacíos: Allí comienza el sueño
Un día después de las explosiones
en el oscuro fragor de las avenidas
se mezclan dos nuevas sustancias:
el duro amor de los que aún no han muerto (y)
la tonta prisa de los que aún trabajan
El paisaje desnudo
1. Envueltos en una guerra silenciosa
buscamos el último jardín codificado
en la ciudad derruida
Un lugar carente de corteza y de raíces
será nuestro refugio
y en él solo crecerá este falso abismo
concertado por la ausencia de barnices
2. todo se pierde
entre los caminos que se inventa la lluvia
todo se pierde y los árboles caen
como una escritura dictada por la bruma
que se incendia en el fondo del paisaje desnudo
Solo la palabra resiste en su propio nombre y forma
charcos que se ramifican a la imagen
del pájaro que se dejó caer al vacío:
No habrá libros que mencionen lo perdido
Fotografías
Una fotografía es un objeto familiar.
Una tarde que en la lluvia asesina a sus viajantes.
Un punto fijo al que entregar nuestras horas de ocio.
Un lugar / alguna calle (o su evasión)
Donde resbalan frases que se niegan al olvido.
Y sin embargo (materia derruida)
Todo objeto descifra sus entrañas: flujo / evocación
BIOGRAFÍA: Eduardo Borjas Benites (Lima, 1984)Estudió Educación, en la especialidad de Lengua y Literatura. Obtuvo el primer premio de poesía en el I Concurso de poesía y cuento Hora Zero (Universidad Nacional Federico Villarreal, 2008) y fue uno de los ganadores del Premio nacional de poesía joven Javier Heraud (SENAJU, 2011). Actualmente se desempeña como docente universitario. Ha publicado el poemario Trendelembug.

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